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OBJETIVO: Reflexionar, al inicio del nuevo año escolar, sobre la “única cosa necesaria”, según la enseñanza de Jesucristo, y ponerla en práctica. Como ayuda se seguirán las pautas indicadas por San Gregorio Magno y San Alfonso María de Ligorio.

INTRODUCCIÓN

Ha pasado el verano. Todos hemos vivido muchas cosas. Todas, por lo menos, las ha permitido Dios (algunas las habrá querido, otras no). De las bendiciones, hay que estar agradecido. De las pruebas, hay que aprender de ellas. De los errores y pecados, hay que pedir perdón.

Y sabemos que, para el estudiante de teología, el tiempo de verano ofrece especiales peligros en cuanto a su vocación teológica. Así que conviene, delante de Dios, reflexionar sobre algunos puntos de esta experiencia. Hay que retomarlos y enriquecerlos en la oración.

En tu apostolado, ¿el rebaño de Cristo pudo ver en ti un buen testimonio? ¿Por qué si o por qué no? Espiritualmente hablando, ¿te sientes más fuerte, más llamado a la santidad, más entusiasmado de seguir a Cristo? ¿A que se debe esto?

En tu apostolado y en vacaciones, ¿cumpliste al menos con tus deberes en la oración? ¿Cómo fue tu relación con la Virgen María? ¿Pudiste conservar el estado de gracia? Es decir, en este tiempo, te conociste más en serio: ¿pudiste descubrir si la oración es una convicción personal, si es algo que “has hecho vida” o si sólo es una norma externa que aplicas nada más cuando hay un horario y una disciplina que te obliga a ello?

En cuanto a lo material, en tus vacaciones seguramente pudiste estar con tu familia y probablemente con otras personas. ¿Cómo te sentiste al ser confrontado con la “lógica del mundo” (trabajar, ganar dinero, tener éxito social, etc.)? ¿Sentiste la falta de recursos económicos? ¿Te entraron dudas en cuanto a tu servicio en el Instituto de Teología?

En cuanto a tu estado de animo, ¿estuviste feliz? ¿Te sentiste sólo? ¿No caíste en el activismo? ¿Disfrutaste los momentos de soledad? ¿Pudiste hacer de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen, de San José, de tu Ángel guardián, etc., tus compañeros constantes? ¿Lograste cuidar tu salud física, mental, intelectual? ¿Supiste descansar con inteligencia?

Sí, el verano es un tiempo especial y, para muchos, difícil. Como ya imaginarás, algunos que terminaron el ciclo pasado, ya no regresarán para este nuevo año escolar. El verano fue su “última parada” en el camino teológico. Las tentaciones pudieron más. Otros, con toda seguridad, solamente por una gracia divina especial, han podido regresar.

LECTURA BÍBLICA

Leamos este pasaje: Lc 10, 38-42.

Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.” Le respondió el Señor: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.”

Lucas 10, 38-42

Luego, ya en tu tiempo personal, puedes confrontar lo leído con estos otros pasajes: (Mt 6, 33, 1 Cor 7, 35, Lc 8, 35ss).

ALGUNOS PUNTOS DE REFLEXIÓN

En la vida hay muchas cosas necesarias: la comida, la ropa, un lugar donde dormir, etc. En la vida del cristiano hay otras cosas necesarias: la misa de los domingos, los sacramentos, el cumplir los mandamientos y mil cosas más. Entonces, ¿a qué se refiere Jesús con que solo hay una cosa necesaria y que además es la mejor parte?

Se dice que cuando una persona domina muy bien una materia, puede dar un curso detallado de dicha materia, que dure mucho tiempo (hasta años, si esa materia es una como la filosofía y la teología, por ejemplo), analizando y desmenuzando cada aspecto de esta. Pero esa misma persona puede sintetizar la materia de la manera mas perfecta, en su forma mas condensada posible.

Algo así esta haciendo Jesús en este pasaje. No esta diciendo que atender a los invitados y cuidar las cosas de la casa, como estaba haciendo Marta, no sea importante y que no pasa nada si se descuidan, y esto se puede aplicar a todas las cosas que son buenas y que deben hacerse. Pero sí está diciendo que no son las cosas más importantes y necesarias.

Veamos lo que nos dice San Gregorio Magno (en sus Moralia). Este papa afirma que, místicamente, Marta y María simbolizan dos aspectos de la vida del cristiano. Marta es la vida activa, la que realiza muchas cosas (por ejemplo, la organización de un monasterio, el preparar la comida, el asear la casa, hasta las obras de misericordia: enseñar al que no sabe, ayudar al pobre, visitar a los enfermos, etc.); y, en cambio, María simboliza la vida contemplativa: el estar en oración ante Nuestro Señor, el meditar la Sagrada Escritura, el amar profundamente a Cristo y seguirlo por este amor a donde El quiera llevarnos. ¡Allí está entonces la respuesta! La única cosa necesaria es enamorarse de Cristo en la oración, y de allí se desprenderá, en su justa medida, toda actividad posterior. Es decir, primero estar con Cristo en la oración, y luego todo lo demás.

Pongamos unos ejemplos en la vida de un servidor o estudiante del Instituto de Teología: primero hay que cuidar la oración personal antes que otra cosa. O sea, no está bien que prepares unos temas del apostolado cuando ni siquiera has apartado un tiempo del día para platicar con Nuestro Señor. O “no se vale” estar estudiando para un examen, cuando debes de estar en la Hora Santa (u otra devoción tuya), o que estés arreglando la casa o consiguiendo algo para el trabajo y has descuidado tu oración. Bastante claro, ¿verdad?

NECESIDAD DE LA ORACIÓN

Veamos también lo que nos enseña San Alfonso María de Ligorio en su librito Una sola cosa es necesaria, sobre la necesidad de la oración. Y elabora el siguiente razonamiento, paso a paso:

  1. En primer lugar, hay que partir de que sin la gracia actual nada podemos hacer.
  2. Esta gracia debemos de pedirla, según las palabras de Cristo: “Pidan y se les dará” (Mt 7,7).
  3. Y la Sagrada Escritura dice claramente que la oración es algo necesario. El santo cita algunos pasajes de la Biblia: Lc 18,1; Mc 1,38; Jn 16,24.
  4. En tres momentos, sobre todo, es más necesaria la oración: cuando alguien se encuentra en pecado, cuando alguien está en peligro de muerte y cuando se está bajo el ataque de una tentación grave.
  5. La teología enseña que quien ha pasado un mes, o máximo dos, sin orar, no puede ser excusado de pecado mortal.
  6. Enseñan los padres de la Iglesia (San Basilio, San Agustín, San Juan Crisóstomo, Clemente de Alejandría) y Santo Tomás de Aquino que sin la oración no se puede perseverar en la gracia. Por tanto, sin la oración no se puede acceder a la salvación.
  7. Unas palabras que usa el santo resumen todo lo anterior: “Todos los condenados se condenaron por no haber rezado; si hubieran rezado, no se hubieran perdido. Todos los santos se hicieron santos por la oración; si no hubieran orado, no se hubieran hecho santos, ni siquiera se hubieran salvado”1.

Eficacia de la oración

Pero, además, la oración es eficaz: San Alfonso cita a varios personajes (Teodoreto, San Juan Clímaco, San Agustín y San Juan Crisóstomo) y a la Sagrada Escritura (Lc 11,9; Mt 7,7; Jn 15,7; Sal 39,18; Sal 65,20) para afirmar que la oración es eficaz, en el sentido que nos consigue todas las gracias de parte de Dios. Y la razón de esta eficacia es que Dios nos ama y está dispuesto a otorgarnos lo que le pedimos. También se incluye la enseñanza de que, si alguien hace oración, por sólo este hecho puede estar seguro de que Dios le está manifestando su misericordia.

Condiciones de la oración

A continuación, se enumeran estas condiciones de una buena oración:

  1. Debe ser humilde, pues Dios resiste a los soberbios (Sgo 4,6) y acepta a los humildes (Eclo 34,21).
  2. Debe ser hecha con confianza. Se debe tener la certeza de que Dios nos escuchará (Eclo 2,11; Sgo 1,6) y de que recibiremos la gracia pedida (Mc 11,12). Esta confianza nace en la misericordia de Dios y de que la oración se hace en el nombre de Jesús (Jn 16,33), y no en los méritos o virtudes del que ora.
  3. Debe ser perseverante. Se cita a San Hilario para hacernos entender que la perseverancia es el secreto para obtener las gracias que se piden. Y como no se sabe cuando Dios nos concederá lo pedido, entonces hay que orar sin cesar (Lc 18,1; 1Tes 5,17). Incluso la perseverancia, según palabras de San Roberto Belarmino, “es indispensable pedirla todos los días”2. Asimismo, hay que pedir continuamente la gracia de orar (Zac 12,10).

Los bienes temporales

Aquí se inicia con una aclaración muy importante: la promesa de parte de Dios de otorgar lo que se le pida en la oración no incluye los bienes temporales, como la salud, el dinero, el honor y cosas similares. De hecho, más bien Dios quita todo esto a veces, porque ve que están perjudicando a la persona. Se cita a San Agustín: “mejor sabe el médico que el enfermo lo que a este le conviene”3. En cambio, la promesa de Dios siempre es válida para los bienes espirituales (Lc 11,13).

No obstante, los que oran pueden pedir a Dios los bienes temporales, pero siempre siendo conscientes de que Dios puede no concederlos, para el beneficio del alma del que pide. Si no se piden con esta actitud, entonces el Señor simplemente no escuchará esa oración.

Lo malo es que muchos solo quieren pedir bienes temporales. San Alfonso cita a Santa Teresa de Jesús, sobre la oración: “No es, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia 4.

Los bienes espirituales

En este apartado San Alfonso, ayudado por algunas citas de santos (San Francisco de Sales, San Agustín, Santa María Magdalena de Pazzi, Santa Teresa), recomienda las cosas que hay que pedir: sobre todo el amor, que contiene todos los bienes; pero también la mansedumbre, la paciencia en las contrariedades, la perseverancia.

PUNTOS CONCLUSIVOS

La vida de quien aspire a la santidad tiene que ser, necesariamente, vida de oración. De hecho, el gran empeño del demonio, al atacar estas almas, es que dejen de orar. Y en este apartado San Alfonso tiene palabras muy duras para los religiosos que no oran: “Un religioso sin oración, ya no es un religioso, sino un cadáver de religioso 5

El que no hace oración está ciego en cuanto a las realidades espirituales. No puede ver ni siquiera cuál es el camino al cielo. En cambio, el que hace oración mental tiene siempre claras las verdades de la fe (Jr 12,11; Ecli 7,40; Sal 33,6; Lc 7,35; Sal 118,105). Dice San Buenaventura que la oración es como una antorcha desde donde Dios nos ilumina en el camino.

Como bautizados se tienen dos grandes tentaciones: caer en el activismo (lo cual es muy fácil, por las múltiples actividades que hay a lo largo del año) y descuidar la oración. ¿Cómo le vas a hacer para vencerlas?

A REFLEXIONAR

Medita los pasajes bíblicos que se han recomendado.

Ante la frase de Jesús: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan…”, identifica claramente, “poniéndoles nombre y apellido” las preocupaciones que tienes y elabora una estrategia para que no te alejen de la oración.

Cristo nos quiere muy activos, haciendo muchas cosas para el Reino de Dios. ¿Cómo lograrás esa armonía de las vidas activa y contemplativa en tu persona? Elabora un plan de acción de cara ante Dios para este año escolar.

P. Ramiro Rochín


1 DE LIGORIO San Alfonso Maria, Una solo cosa es necesaria, Apostolado Mariano, Sevilla, 2009, p. 19

2 Íbid p. 24

3 Op. Cit. Citado en la p. 26.

4 Op. Cit. Citada en pp. 26-27.

5 Íbid p. 33