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A propósito de Septiembre, “el mes de la Biblia”, compartimos con ustedes este pequeño pero grandioso discurso del Papa Francisco, del 31 de octubre del 2018, a la Sociedad Bíblica Americana.

Como un recurso extra, hemos puesto enlaces a las citas bíblicas del discurso para que puedas leerlas y profundizar.


Saludo del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Me complace daros la bienvenida, agradecido por vuestra visita.  Os doy las gracias por la actividad de la American Bible Society y os aliento a continuar  y, en la medida de lo posible, a intensificar el compromiso de “transformar las vidas de las personas a través de la Palabra de Dios”, como se expresa en vuestro mission statement. Verdaderamente la Palabra de Dios tiene el poder de transformar la vida, porque “es viva, eficaz y más cortante que espada alguna de dos filos; […] escruta los sentimientos y pensamientos del corazón” (Heb 4,12). Con este pasaje de la Carta a los Hebreos, quisiera expresar mis mejores deseos a vosotros, venidos a Roma para vuestro retiro anual, centrado precisamente en el poder de la Palabra divina.

Esa Palabra es viva y eficaz. En efecto, desde el principio “Dios dijo […] y fue” (Gen 1,6-7). Y en la plenitud de los tiempos, Jesús nos ha dado palabras que “son espíritu y vida” (Jn 6, 63). Con la palabra, Él dio nueva vida a corazones apagados, como el de Zaqueo y al publicano Mateo, cuando “le dijo:” Sígueme”. Y él se levantó y lo siguió “(Mt 9, 9). En los próximos días, al rezar con las Escrituras, volveréis a experimentar su eficacia: no queda sin efecto, sin cumplir aquello por lo que Dios nos la ha dado (cf. Is 55, 10-11). Os deseo que recibáis siempre la Biblia en su preciosa unicidad: como palabra que, imbuida del Espíritu Santo, dador de vida, nos comunica a Jesús que es vida (cf. Jn 14, 6) y así, hace fecunda nuestra vida. Ningún otro libro tiene el mismo poder. Mediante su palabra, conocemos al Espíritu que la inspiró: de hecho, solo en el Espíritu Santo puede ser verdaderamente recibida, vivida y anunciada, porque el Espíritu enseña todo y recuerda cuanto Jesús dijo (cf. Jn 14, 26).

Además, la  Palabra de Dios es cortante. Es miel que da la dulzura consoladora del Señor, pero también es espada que lleva una inquietud saludable al corazón (cf. Ap 10,10). En efecto, penetra en lo más profundo y saca a la luz las zonas de sombra del alma. Cavando, purifica. El doble tajo  de esta espada, en un primer momento puede doler, pero en realidad es beneficioso, porque amputa lo que nos separa de Dios y del amor. Deseo que sintáis y disfrutéis internamente, a través de la Biblia, el tierno afecto del Señor, así como su presencia sanadora, que nos escruta y nos conoce (ver Salmo 138,1).

Finalmente, la palabra divina escruta los pensamientos y los sentimientos. El Verbo  de vida también es la verdad (cf. Jn 14, 6) y su palabra hace la verdad en nosotros, disipando falsedades y dobleces. Las Escrituras nos empujan continuamente a redirigir la ruta de la vida hacia Dios. Dejarnos leer por la Palabra nos permite así convertirnos en “libros abiertos”, transparencias vivas de la Palabra que salva, testigos de Jesús y anunciadores de su novedad. La Palabra de Dios, en efecto, aporta siempre  noticias, es inasible, escapa de nuestras predicciones y a menudo rompe nuestros patrones.

Os deseo que al final de estos días renovéis la dedicación a vuestro ministerio bíblico por el bien de tantos hermanos y hermanas. Os doy las gracias y os pido que me recordéis en la oración. Gracias.