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Crónica de mi rosario olvidado

Hoy les comparto un poco sobre mi experiencia tratando de integrar el rezo del santo rosario a mi oración diaria. La verdad es que no tengo un pretexto o, mejor dicho, no cuento con una razón válida para no rezarlo; desde niña he estado en contacto con esta hermosa oración, mi abuelita me enseñó a meditarlo, haciéndolo parte de nuestra plegaria diaria; recuerdo que acostumbrábamos reunirnos por las tardes en algún lugar de la casa para juntos, como familia rezarlo, siempre pidiendo por una necesitad importante en ese momento; alguna enfermedad, un problema económico, o algo por el estilo, pero también, invariablemente, como acción de gracias por todos los favores recibidos por parte de  Dios. Fue así como María estuvo siempre presente a lo largo de mi niñez y adolescencia, tanto en los momentos de prueba, como en los momentos de profunda alegría; pero el tiempo paso y de pronto, comencé a llenarme de disculpas para meditarlo: “es muy largo”, “no tengo tiempo”, “no me acuerdo de los misterios”, en fin, ¡mil excusas! Así, las muchas “justificaciones” se fueron apoderando de mí hasta que lo olvidé por completo.

Hace unos años estuve fuera de la ciudad por algunos meses, fue en esa ocasión donde me reencontré con esta oración (debo confesar que no por iniciativa propia, sino que fue un buen amigo el que me insistió en que lo rezara). Parece increíble, pero, a pesar de estar lejos de todo, ¡de mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi país!, al rezarlo me sentía cerca, como en casa, sin importar la distancia. Pues el rosario es mucho más que una oración repetitiva; es realmente una conversación con María, madre de Dios, madre nuestra. Durante esos meses, su meditación fue parte esencial de mi rutina, cuando me trasladaba de un lado a otro en metro o en camión, utilizando mis dedos lo rezaba; algunas veces “en episodios” (una mitad por la mañana, la otra por la tarde), algunas otras de corrido, pero no se terminaba la jornada sin haberlo completado. En definitiva, fue un tiempo de mucho crecimiento espiritual.

Cuando llegó el momento de regresar a casa, a mis quehaceres cotidianos, comencé nuevamente a llenarme de mucha actividad, por lo que su rezo se fue posponiendo cada día un poco más, hasta que regresé al punto que era inevitable llegar, el rosario olvidado. ¿Cómo me pude olvidar de todo lo que aprendí, crecí y experimente en compañía de Maria en esos meses? Lo único que se me ocurre es que fue ¡por tonta!, pues decidí invertir mi tiempo en todo, menos en lo realmente importante. Reflexionando sobre esto, llego a la conclusión que fue una tentación en la que caí, la tentación de pensar que no pasa nada si, “sólo por hoy”, dejo de hacer esto o aquello que es importante para mi vida espiritual.

Meditando en las apariciones de Fátima me llama en especial la atención la insistencia de María Santísima por el rezo del santo rosario: solo rezándolo, les decía a los tres pastorcitos, se conseguiría la paz mundial tan anhelada en esa época de principios de siglo XX.

Contemplando este mensaje en una escala más pequeña, más personal, me surge la siguiente pregunta: ¿cuántos de nosotros nos sentimos igual que la Europa del siglo XX, en un estado constante de guerra interior? Sin paz en nuestros corazones, en nuestras relaciones, en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo; buscando en los sitios inadecuados algo que mitigue nuestro cansancio, nuestra sed.¡Qué actual es el mensaje de Fátima hoy en día! ¡Qué necesario es hoy, como ayer, el rezo del rosario, que nos lleva a encontrarnos con Jesús a través de María! Por tal motivo, en esta ocasión, yo les hago extensiva la invitación que, por medio del mensaje de Fátima, la Virgen María hizo a la humanidad de todos los tiempos:

¡Rezar el rosario! Rezarlo por la salvación personal, rezarlo por las almas más necesitadas de la divina misericordia de Dios, rezarlo por la paz, ¡la paz tan necesaria en todas las escalas de nuestra vida!

¿Pero, cómo  empezar?

Aquí unos consejos que me han ayudado para hacer más fácil y atractivo su rezo:

  1. Busca la mejor parte del día para hacerlo; no lo empieces cuando estés acostado(a) o muy cansado(a), porque te quedarás dormido(a) sin poder terminarlo.
  2. ¡Hazlo en partes! No necesariamente tienes que rezarlo de corrido. Busca durante el día espacios donde puedas avanzar 1 ó 2 misterios, así cuando menos lo pienses lo habrás terminado.
  3.  ¡Usa tus dedos! No tienes que traer siempre el rosario en la mano para poder rezarlo. Utiliza tus dedos como cuentas; ésta es una manera muy práctica para contabilizar las Aves Marías.
  4. Si tú, como muchas personas hoy en día, cuentas con un teléfono inteligente puedes descargar una aplicación y tenerlo al alcance de tu mano para meditarlo diariamente en cualquier momento libre que tengas.

Pues bien, después de pensar, meditar y repensar este asunto, les comparto que he retomado mi rezo diario del rosario y resulta ser que ¡no es tan difícil!; para ser sincera, ¡lo estoy disfrutando mucho!      Pido a Dios por medio de la intercesión de Maria Santísima, mucha perseverancia para continuar haciéndolo todos los días de mi vida, para nunca más olvidarme de los frutos tan grandes que trae a mi vida. Los invito a que se unan a mi y a millones de católicos de todo el mundo, a recibir las gracias que Jesús está dispuesto a regalar por intercesión de Maria Santísima.