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Durante muchos siglos y hasta la época moderna, no se cuestionó la paternidad literaria del Deuteronomio, atribuido a Moisés. Hoy, debido a las investigaciones realizadas con metodologías literarias e históricas, se postula una pluralidad de intervenciones y una colaboración de diversos autores, la mayoría anónimos, a través de una historia redaccional bastante larga e incluso complicada. Sin embargo, este modelo interpretativo, como dice el documento de la Pontifica Comisión Bíblica (2014) sobre la inspiración y verdad de la Sagrada Escritura, “no se opone diametralmente a la concepción tradicional, a la que a veces se tacha con ligereza de ingenuidad hermenéutica” (n. 140).

En una conferencia de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso de Madrid (oct. 2025), el Dr. Matthias Armgardt, profesor de la Universidad de Hamburgo, defendió con argumentos basados: en documentos antiguos, en el mismo texto bíblico, en descubrimientos arqueológicos recientes, y en investigaciones de expertos, la necesidad de cambiar el paradigma sobre la datación del Pentateuco.

Esto se refiere a que hay una mayoría de teólogos que dan por sentado que el libro del Deuteronomio fue redactado en el siglo VII a.C., probablemente en tiempos de Josías. El hecho es que en el segundo libro de Reyes (22,8) se narra el descubrimiento de un “Libro de la Ley” que luego se identifica con el Deuteronomio. Este descubrimiento lo interpretan en el S. XIX como una “redacción”. Pero sin evidencia, solamente como algo posible.

Armgardt, siendo un estudioso de la historia de las leyes antiguas, ha podido constatar que se ha perdido el rumbo en la interpretación histórica del Pentateuco, principalmente porque se aceptan modelos o teorías (estandarizadas) sin verificar la evidencia que sustentan esos modelos o teorías.

Para entender el contexto, recordemos que Julius Wellhausen en el S. XIX propuso la “Hipótesis Documentaria” la cual básicamente dice que el Pentateuco fue escrito por cuatro fuentes diferentes: Yahvista, Elohista, Sacerdotal y Deuteronomista.

Dice el conferencista que el estudioso judío Umberto Cassuto criticó los fundamentos de la hipótesis con argumentos muy sólidos en su ensayo “La Hipótesis Documentaria y la Composición del Pentateuco” en 1940. Pero los expertos alemanes ni siquiera lo tomaron en cuenta. El rabino Cassuto vio que la transición entre los nombres Elohim y Yahvé no era accidental, sino que seguía una intención específica de su autor. Cuando la Biblia habla de Dios como creador del universo, lo denomina Elohim, o sea un nombre genérico de Dios. Pero cuando habla directamente a Adán y Eva utiliza su nombre apropiado, Yahvé. Más delante, en el siglo XX, los supuestos autores Yahvista y Elohista fueron seriamente cuestionados y reformulados por la crítica, y desde entonces numerosas teorías han surgido sin éxito.

El Dr. Matthias Armgardt también menciona las investigaciones del Prof. Kenneth Kitchen quien demostró que las leyes de Éxodo, Levítico y Números preceden históricamente a las leyes deuteronómicas y que las mismas ya tenían un estatus cuasi-canónico cuando fue escrito el Deuteronomio.

Desde la perspectiva de un historiador legal, dice Armgardt, hay muchos más argumentos sólidos contra el supuesto de que el Deuteronomio haya sido escrito en el primer milenio. Es muy importante comparar la ley bíblica contra el antiguo y oriental Código de Hamurabi y el Código Eshnunna, ambos datado en el siglo XVIII a.C.

Al comparar esos códigos con Éxodo 21,35 vemos lo siguiente: si uno sigue a Kitchen y acepta que Moisés debió haber existido alrededor del 1250 a.C., se observa la impactante similitud entre Éxodo 21,35 y el códice Eshnunna 53.

Leamos los textos; primero el Éxodo que dice:

“Si el buey de uno acornea al buey de otro, causándole la muerte, venderán el buey vivo y se repartirán el precio, repartiendo igualmente el buey muerto”.

Y en el Eshnunna:

“Si un buey cuerna a otro buey y le causa la muerte, los dos dueños de los bueyes se dividirán el valor del buey vivo y los despojos del muerto”.

El autor del corpus legal del Éxodo estaba familiarizado con los códigos de Hamurabi y de Eshnunna, como se puede apreciar en las numerosas combinaciones a partir de las categorías violento o no violento del buey atacante, por un lado, y de las víctimas hombres, hijo, esclavo, buey (Ex.21,31-32).

Las recientes excavaciones en Tel Hazor (ciudad antigua ubicada en Galilea Superior, al norte del mar de Galilea), han descubierto tablillas relacionadas con tradiciones legales mesopotámicas. Por ello se concluye que ya existía una ley uniforme en esa parte del Oriente cercano cuando Israel llegó a Canaán. La misma Dra. Cayetana Johnson, de la Universidad de San Dámaso y participante de las excavaciones, atestigua estos descubrimientos en esta ciudad que probablemente hospedó una escuela babilónica.

Finalmente, después de otros argumentos basados en las disposiciones legales comparadas, Armgardt nota las grandes similitudes de la alianza del Sinaí que aparece en Ex-Lev-Deut-Jos 24, con los pactos hititas de vasallaje de aquel tiempo.

Todas estas observaciones (y otras que aquí no menciono), llevan al exponente a decir que ha habido una exagerada aceptación sin fundamentos de las teorías llamadas estandarizadas. La datación del Pentateuco ha de considerarse más probable hacia el segundo milenio a.C.

Finaliza proponiendo un razonamiento lógico, sin incluir por ahora la complejidad de considerar la antigüedad, la proximidad temporal, o la calidad de las fuentes:

Para toda X se sostiene lo siguiente:

Si X es un hecho histórico

Y si existe una Y que es una fuente que afirma X

Y si existe una Z que es un modelo o teoría que afirma no-X,

Entonces la probabilidad histórica de X es más grande que aquella de no-X.


Luis Alonso Núñez S
Noviembre 2025