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Vida Espiritual 02

El sujeto de la vida espiritual no es otro que el hombre y la mujer que vive la experiencia cristiana de la salvación, pasando de una situación pecadora a la condición de hombre nuevo.

La espiritualidad necesita del hombre en todo el espesor de su condición encarnada: entendimiento, voluntad, corazón, cuerpo, sentidos, emociones, pasiones; con todos los objetos y tendencias que eso implica.

La encarnación de Cristo, Hijo de Dios, diviniza personalmente con realismo la condición humana en todos sus componentes.

Es posible señalar en el desarrollo de vida espiritual cristiana algunos momentos principales en los que se verifica un nuevo despertar de la conciencia. La Iniciación cristiana.

La Personalización de la vida espiritual. La Crisis. La madurez cristiana. El plan salvífico de Dios, los caminos y medios, las experiencias de cada creyente tienen carácter eclesial e individual. “A cada uno lleva Dios por diferentes caminos, que apenas se hallará un espíritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo del otro”.

El discernimiento espiritual surge de la experiencia que el cristiano realiza de su vida de fe en Cristo, en la Iglesia y en el mundo. La cuestión del discernimiento es: ¿cómo reconocer el origen de la luz espiritual que goza la conciencia?, implica una situación compleja y oscura. Con San Ignacio de Loyola el discernimiento atiende a la decisión vital justa.

Vinculado a la “vida espiritual” está lo que llamamos “acompañamiento espiritual”, la relación con un maestro que introduzca en la experiencia espiritual. El acompañamiento espiritual se enmarca en 3 contextos: El antropológico, El teológico y El científico.