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La fe es fundamento de lo que se espera y garantía de lo que no se ve. Por tanto, también nosotros, rodeados por tal nube de testigos, despojémonos de todo estorbo y del pecado que nos asedia y, llenos de fortaleza, salgamos al encuentro del combate que se nos presenta con la mirada siempre fija en Jesús, el que inicia y perfeccionada nuestra fe. (Hebreos 11,1; 12,1-2)

La carta a los Hebreos puede ser dividida, en cinco partes dentro de las cuales la cuarta es especialmente dedicada a la fe, algunas versiones bíblicas la denominan Cristo y la adhesión a él por fe y la perseverancia,[1] y comprende el capítulo 11 y parte del capítulo 12, en estos versículos se hace un recorrido donde se presenta la fe en el desarrollo de la Historia de la Salvación y con ello una exhortación a la perseverancia.

Actualmente por todos los avances tecnológicos, tenemos acceso a infinidad de información, nos es posible conocer casi acerca de cualquier tema que deseemos profundizar, por ende, los temas teológicos, no son la excepción hay una cantidad enorme de sitios web, de blogs de discusión y reflexión, de libros electrónicos, videos, que nos permiten acercarnos a la reflexión teológica. Sin embargo, con el paso del tiempo en ocasiones es posible que caigamos en una actitud obsesiva del siempre querer conocer más y más, y vamos perdiendo de vista que lo que en realidad es necesario para tener un acercamiento pleno y que sea de provecho, a esa cantidad de reflexiones es la experiencia de la propia fe, no basta el saber mucho para decir que creo.

Platicando un día con una persona comentaba como era su vivencia de la fe y descubría en su testimonio que en ocasiones nos preocupamos por “conocer” mucho sobre Dios, y por el contrario tal vez si avancemos académicamente hablando, pero interiormente se va yendo la fuerza. Ella, dentro de todas las experiencias que compartió, expresaba una cercanía de Dios, un lazo estrecho por la oración, una necesidad de predicar las grandes cosas en Dios había hecho en su vida. Llegó a expresar que, aunque académicamente no era la más capaz e incluso no tenía un estudio teológico fuerte, solo le basta saber las cosas que Dios ha hecho en su vida para creer, y no desistir en el camino.

Estamos llamados a la vivencia de una fe sencilla, así como la que las personas de más edad conservan, en donde para ellas creer en Dios era cosa que se sabe y siente desde el uso de la razón hasta la muerte. Tener la experiencia de una fe que nos permita expresar por nuestro testimonio las grandes cosas que Dios ha hecho por nosotros, siempre teniendo la mirada puesta en Jesús, para que a semejanza suya podamos llegar a amar hasta el extremo, y que ese amor desborde por cada poro, en cada palabra, en cada acción que realicemos.


[1] Biblia de la Iglesia en América.

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