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Sacrificio de Isaac, Caravaggio, 1603
Sacrificio de Isaac, Caravaggio, 1603

Lecturas:
Sabiduría 18, 6-9
Salmo 33, 1. 12. 18-22
Hebreos 11,1–2. 8-19
Lucas 12,35-40

Hemos nacido de la fe de nuestros padres, descendemos de una gran nube de testigos cuya fe se atestigua en cada página de la Escritura (ver Hebreos 12,1). Hemos sido hechos pueblo de Dios, elegidos por Su propia herencia, como lo cantamos en el Salmo de este domingo.

La Liturgia de esta semana canta las alabanzas de nuestros padres, recordando los momentos decisivos en nuestra “historia familiar”. En la Epístola (Heb), recordamos la vocación de Abraham; la primera lectura (Sab) nos hace revivir la noche del éxodo y el anuncio de la promesa a los santos hijos de Israel.

Se nos dice que nuestros padres confiaron en la Palabra de Dios y pusieron su fe en las promesas del Señor. Estaban convencidos de que, lo que prometió, lo haría.

Pero ninguno de ellos vivió para ver cumplidas sus promesas. Porque no fue hasta Cristo y Su Iglesia que los descendientes de Abraham fueron hechos tan innumerables como las estrellas del cielo y como la arena (véase Gálatas 3,16-17.29). No fue hasta la última cena, la Eucaristía, que “el sacrificio… la institución divina” de esa primera Pascua se cumplió verdaderamente.

Y ahora nosotros también esperamos el cumplimiento final de lo que Dios nos ha prometido en Cristo. Como Jesús nos dice en el Evangelio de esta semana, debemos vivir con el lomo ceñido, – como los israelitas que se ajustan los cinturones, se abrochan sus largas túnicas y comen de prisa su Pascua-, permaneciendo vigilantes y listos para hacer Su voluntad (véase Éxodo 12,11; 2 Reyes 4,29).

El Señor vendrá en la hora que menos lo esperamos. Él llamará a nuestra puerta (ver Apocalipsis 3,20), invitándonos a la fiesta de bodas en la mejor patria, la celestial, la que nuestros padres vieron desde lejos, y que comenzamos a gustar en cada Eucaristía.

Así como ellos lo hicieron, también nosotros podemos esperar en su Palabra con “conocimiento seguro”, como una lámpara que ilumina nuestro camino (ver Salmo 119,105). Nuestro Dios es fiel, y si permanecemos en la fe, esperamos en su bondad y amamos como hemos sido amados, recibiremos su bendición prometida y seremos liberados de la muerte.


Original en inglés: https://stpaulcenter.com/faith-of-our-fathers-scott-hahn-reflects-on-the-nineteenth-sunday-in-ordinary-time/

Traducción: Instituto Diocesano de Teología