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A propósito del día mundial de la salud (7 de Abril)

 

Responsabilidad pública.

Es importante ser conscientes de que la salud pública nos compete a todos, pero especialmente a los laicos, quienes tenemos la responsabilidad de trabajar por el bien común; y con mayor intensidad cuando se trata de un derecho fundamental de las personas (cf. Compendio, 166) como lo es el derecho a la salud.

Por lo tanto, la participación ciudadana es clave para solidarizarnos con los hermanos afectados e influir en las decisiones del gobierno en orden a garantizar que los recursos públicos sean destinados a las instituciones de salud. Garantizar esto es difícil, pues incluye, entre otras cosas, exigir acceso a la información y vigilar cualquier indicio de corrupción.

Responsabilidad social.

Sin embargo, la participación ciudadana va másallá de la presión para la destinación de los recursos públicos. Incluye quenosotros mismos hagamos buen uso de los sistemas de salud. “Gente que va aurgencias para tratar un catarro; en lugar de acelerar el proceso y disminuirgastos causa congestionamiento, encarece el servicio. Debemos aprender a usar anuestro médico general o familiar”, expresa un profesional de la salud. Enefecto, cuando hacemos uso indebido del sistema de salud, colaboramos con lafalta de recursos para los que más lo necesitan.

Derecho y obligación.

Para terminar, es necesario resaltar que lasalud es derecho, pero también obligación nuestra, pues está íntimamente unidaa nuestra dignidad de persona. No cuidar nuestra salud cuando estamos encondiciones de hacerlo, es una irresponsabilidad social; de hecho, la saludpública es, ante todo, prevención. Como dijo S. Juan Pablo II, tanto curar laenfermedad como hacer todo lo posible para prevenirla, son tareas permanentes de uno mismo y de la sociedad:

“En efecto, la dignidad ontológica de la persona es superior: trasciende incluso las conductas equivocadas y culpables del sujeto. Curar la enfermedad y hacer todo lo posible para prevenirla son tareas permanentes de cada uno y de la sociedad, precisamente como homenaje a la dignidad de la persona y a la importancia del bien de la salud”. (Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II a los participantes del congreso “Calidad de vida y ética de la salud”, Vaticano, 2005).

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