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“Conozco tu conducta: tus fatigas y tu paciencia; y que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles         sin serlo y descubriste su engaño. Tienes paciencia, y has sufrido por mi nombre sin desfallecer. Pero tengo contra ti que has perdido tu amor de       antes. Date cuenta, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a tu conducta primera. Si no, iré a ti y cambiaré de su lugar tu candelero, si          no te arrepientes”. Apocalipsis 2,2-5.

Las palabras citadas anteriormente son dirigidas a la comunidad de Éfeso, el autor sagrado muestra una comunidad que nosotros podríamos llamar modelo, reconociendo aquellas virtudes y logros que tuvieron ante la adversidad, sin embargo se le hace una fuerte advertencia  en medio de tantas alegorías, ellos perdieron el amor de antes, es decir aquel primer impulso, el verdadero motor de la comunidad, tendiendo una consecuencia muy fuerte, que si no era atendida la sentencia ya hecha, Éfeso perdería su rango de metrópoli religiosa[1], y el camino para esto era relativamente sencillo reconocer el error, arrepentirse y volver su vida al amor primero.

Ante la puerta ya abierta de un nuevo año civil para todos nosotros, creo que es conveniente que reflexionemos acerca de nuestro primer amor, es por ello que este blog iniciado con mucho entusiasmo y esperanza para mí, tiene como punto de partida poner la mirada en el amor de antes. Un año que para la mayoría comienza lleno de propósitos y buenos deseos, para otros entre dificultades y necesidad, no perdamos la vista de algo que como cristianos deberíamos tener en común, la llamada al amor.

La palabra amor siendo tan corta, está cargada para nosotros de todo un misterio de salvación, misterio que se ve planificado por la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor. Él que se nos ha donado, se ha entregado, es decir, ya nos ha amado primero; y que nosotros en nuestra libertad dada por Él elegimos amarle o no, sin embargo, pensemos, ¿Cómo sería nuestra vida sin el amor?, ¿podría si quiera pensar en vivir sin amor?, ¿en este momento estoy viviendo en el amor?; interrogantes que nos ayudan a pensar si estamos como la comunidad de Éfeso, inmersos en solo “buenas acciones” o en el fondo, aquel motor de nuestra vida es el amor, hecho hombre en la persona de Jesús.

Volvamos siempre al primer amor, que será para todos nosotros el impulso para seguir adelante haciendo frente a tantos desamores, que nos detienen en el camino que nos lleva a la felicidad eterna.

Francisco Bueno

[1] Cfr. Biblia de Jerusalén, Nueva Edición, 1998, comentario Apocalipsis 2,5 pág. 1820.